¿Que se pretende con la crisis de COVID-19?

Por: Santiago Castro Ventura Médico pediatra.                                                      Cada día se prolonga la parálisis social y económica decretada ante la llegada imprevista de un poderoso e imperceptible invasor, a quien no se puede impugnar frente a frente con el fusil redentor como en tiempos pasados los dominicanos enfrentaron ocupaciones de ejércitos foráneos. La autodefensa tiene escenarios muy disimiles y complejos: prevención epidemiológica, terapia clínica de urgencia y restricciones circulatorias, los principales soldados en el frente de batalla son los miembros del personal sanitario y los de orden público.

La dirección central recae en una cúpula burocrática que parece traza las estrategias consultando un oráculo, al margen de ponderar todas las vertientes del conflicto. En su accionar han evidenciado sordomudez, llegando a desautorizar hasta su ministro de salud, cuando de modo sensato observó el fenómeno por encima de las anteojeras palaciegas.

En su discurso de anoche, el distinguido jefe del Gobierno dejó bien claro que al igual que Jair Bolsonaro su posición es minimizar los estragos del Covid-19, cuando de modo subjetivo escoge como modelo de comparación una gran ciudad, del país que es el centro mundial de la epidemia en estos momentos. Obviando que en New York los muertos de Covid-19 en su mayoría están confirmados, porque las pruebas diagnósticas son abiertas, no se regatean, mientras aquí las estadísticas son seleccionadas, por la restricción oficial de las pruebas. ¿Cuántos dominicanos se han muertos en sus casas sin confirmación diagnóstica? Entonces la comparación es inválida.

Donde siempre es posible cotejar es con los muertos confirmados, y en ese renglón aún con los enormes subregistros de nuestras estadísticas, en América ocupamos el cuarto lugar de mortalidad en relación a los casos confirmados, solo superados por Ecuador, Brasil y México. Todo esto tomando en consideración el gran subregistro de fallecidos que no han sido clasificados por Covid-19 por la restricciones con las pruebas diagnósticas. Hoy podríamos imaginarnos porque la tacañería con las pruebas.

Desde el principio de la crisis las medidas a tomar han sido tímidas, no se restringió la llegada de pasajeros por los aeropuertos en aras de no afectar el turismo, de antemano se conocía por ahí penetraría camuflado el enemigo, luego se actuó con laxitud al no ejercer con energía los criterios de policía médica establecidos por Johann Peter Frank, hace tres siglos. Hasta el presente la principal arma para acorralar al invasor es el distanciamiento social, que en nuestro medio ha fracasado y que se refleja de modo directo en la progresiva morbi-mortalidad que nos afecta. Independientemente que las autoridades con sus anteojeras no observan que la cuarentena actual es una tragicomedia.

Entre nuestras debilidades contamos con una alta tasa de deserción escolar, adherido al mito de la educación para la salud y la ausencia de una verdadera atención primaria (buena parte de la población ignora que no solo se debe asistir enfermo a la consulta médica) deficiencias que no permiten a una porción importante de la población comprender el grave dilema sanitario que nos arropa. Entonces se quiere que de buenas a primeras ese segmento poblacional entienda que los virus no se ven, pero pueden utilizarlos no solo para poner en peligro sus vidas, sino la de los demás. Las soluciones lamentablemente tienen que ser sobre la marcha, se impone el imperio con rigor (pero sin arbitrariedad) de los criterios de Johann Peter Frank en torno a la policía médica.

De modo cierto en nuestro medio miles de ciudadanos subsisten por vía de la economía informal, pero con las medidas parciales de cuarentena han sido seriamente afectados, a sabiendas que el caso no se resuelve con esos encierros simbólicos. Ya antes no se actuó con decisión en los aeropuertos por temor a los perjuicios al muy importante sector turístico, sin embargo los daños hoy son mayores. Si no se asumen medidas más drásticas en el momento actual desechando el cuentagotas sanitario imperante, seguiremos como un barco a la deriva, encaminados a extender la crisis hasta la catástrofe, no solo económica, sino humana.

Dentro de la coyuntura que nos atañe se vislumbran dos vertientes, aislamiento total por lo menos durante 14 días (periodo de incubación del virus) o pruebas masivas y aislamiento obligatorio para todos los casos positivos. Ambas alternativas han sido descartadas de plano por la jefatura palaciega, uno de éstos regentes planteó como alternativa que el 911 (bajo su responsabilidad) estaba cumpliendo su misión durante la crisis. Sin ningún tipo de dudas, es un mecanismo de alto interés en el traslado de todo tipo de enfermos de urgencia, pero no resuelve la crisis. Jugaría un gran papel en una cuarentena total.

Lo que se pretende es continuar con el tratamiento sintomático a los ciudadanos que presentan cuadros clínicos patognomónicos, pero cada día se incrementa y desborda la capacidad hospitalaria instalada, mientras los señores del Gobierno eluden medidas difíciles pero necesarias como las antes señaladas.

Hay otro elemento soterrado que se debe tener presente al margen de solidaridad y de prejuicios, en el caso de controlar a lo interno el auge de la epidemia como debe ser, no todo concluye ahí, nos aguarda el iceberg de la situación fronteriza. Se promueve que Haití es de los países menos “afectados”, sabemos que esa versión es una quimera, no existen estudios que señalen algún grupo étnico puede tener inmunidad al Covid-19. Se han reportado pocos casos porque son muy escazas las pruebas que se realizan en ese país que tiene circulación comunitaria del Covid-19 y graves condiciones de hacinamiento, los resultados reales deben ser otros, que no se registran porque no son identificados.

Inmediatamente se normalice la situación aquí y se produzca el retorno de miles de los ciudadanos de ese país, esto podría provocar cualquier rebrote. Ya tenemos una experiencia aciaga hace pocos años, cuando más de 500 dominicanos fueron víctimas del cólera, proveniente del vecino país.

Desde ahora con sinceridad se deben valorar medidas de prevención contra ese fenómeno que esta al doblar de la esquina, para que no nos cojan asando batata como nos agarró la actual embestida despiadada del embajador de la muerte: Covid-19.

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