EN PLURAL 88 años… ¡que atrevimiento!

YVELISSE PRATS RAMÍREZ DE PÉREZ
yveprats@gmail.com

Nacer fue el primer atrevimiento, con mi papá perseguido como adversario de Trujillo, en 1931, en el comienzo de la Era. Fue un atrevimiento empeñarme a crecer, pese al diagnóstico pesimista de los médicos, asegurando que no llegaría a la adolescencia.

Cuando cumplí 15, y me enamoré de otro jovenzuelo, los doctores alertaron a mis padres: “No debe casarse, ni tener hijos, sería mortal para ella”. Me atreví a casarme, dos veces, he parido 6 hijos, y he conocido ya 14 biznietos.

Aspiré a hacer carrera docente en la Facultad de Humanidades de la UASD y mi atrevimiento me condujo a ascender en escalafón riguroso: profesora, Directora de Departamento de Pedagogía, vicedecana, hasta llegar a Decana, la primera mujer y la primera “maestrica de escuela” que ocupó ese honroso puesto, sin ser filósofa, ni historiadora, ni literata. En un momento difícil, participé en la fundación de ADP, entrando al Teatro Agua y Luz donde nos juramentamos, pasando entre dos filas de fusiles con banderas rojas. Tuve miedo, pero más pudo mi atrevimiento.

Atrevidamente, acepté el honor de ser Presidenta del PRD, ¡teniendo a Peña como Secretario General!
¿No es acaso un atrevimiento desafiar a los convencionalismos que no conciben a las mujeres mayores trabajar, participar en política, escribir artículos, ¡tuitear! y opinar con cierta audacia propia de adolescentes?
Yo hago todo eso, y en un rapto de atrevimiento, digo los años que tengo, no tiño las canas, pero uso aretes, tengo una colección, y me visto de colores vivos, diariamente.

Leo, escribo, hablo con voz enronquecida por tanto tiempo de tribuna política y de aula, y soy tan atrevida, que creo que aporto un rayito de sol en el debate y en la acción que requiere nuestro país para vivir con justicia, decencia y democracia.
Tengo el atrevimiento de amistar con los jóvenes, ellos me sienten cercana, y se acercan, nos encontramos y es como una transferencia recíproca. De la posmodernidad rechazo la anomia de valores, pero acepto y uso solo lo que me gusta, como tuitear, lo hago diariamente, y la facilidad que la computadora ofrece para acceder a una información, y también de oír y ver una orquesta, un cantante, un literato, sin movernos de la mecedora casera.

El martes recién pasado, cumplí 88 años, ¡qué atrevimiento! ¡Hasta decirlo suena escandaloso! ¡Pocas mujeres acostumbran a proclamar un cumpleaños tan pasado de tiempo! Sí, en verdad, cumplí 88 años, decirlo, empeñarme en seguir viva, y en que la vida siga, pensar que vivir significa criticar, participar, opinar, enseñar lo que uno aprende, reiteran lo atrevida que he sido, y que soy.
He desafiado las restricciones médicas desde la cuna, los prejuicios machistas, las aventuras de una existencia difícil.

Mientras apagaba las velas simbólicas, oyendo cantar a hijos/as, nietos/as y bisnietos/as Feliz Cumpleaños, me descubrí a mí misma, no en la semiadulta mayor algo encorvada y corta de vista que parezco, sino en lo que soy por dentro.
Valiente, porque siento miedo, pero avanzo con él, y atrevida porque hago y pienso como ser humano, como ciudadana, como maestra, como política, no como ser inferior. Soy, fui y seré, ¡una atrevida! Fuente Listin Diario