Daniel Ortega tiene el control del aparato electoral, pese a la presión internacional

Daniel Ortega mantiene el aparato electoral intacto, pese la presión popular e internacional que recibe desde 2018, tiene dos opciones la  primero para adelantar elecciones y luego para hacer reformas que conduzcan a elecciones competitivas y justas en la fecha constitucional establecida.

Las elecciones son el 5 de noviembre de este año, hasta el momento Ortega no ha dado indicios de cambiarlo.

Este aparato electoral le ha permitido a Daniel Ortega, según la oposición política nicaragüense, reelegirse mediante fraudes en dos periodos consecutivos después de regresar al poder en 2007.

El control electoral se realiza, principalmente, a través de magistrados y funcionarios leales al régimen en el tribunal electoral, la limitación casi absoluta a la observación electoral, la inhibición de la oposición real y la asignación de votos a conveniencia de Ortega. Los datos electorales no son públicos ni auditables desde 2008.

Con su reelección con un aplastante 72,4% de los votos en las elecciones formalmente democráticas celebradas el 6 de noviembre de 2016 en Nicaragua, Daniel Ortega ha obtenido mandato para prolongar hasta 2022 un ejercicio presidencial que desde su arranque hace nueve años se ha caracterizado por el paulatino sometimiento de las instituciones y normas del Estado a los designios personalistas del ya septuagenario líder histórico del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

A la oposición, fragmentada, desarbolada y sumida en la impotencia, solo le queda deslegitimar la “farsa electoral” y acusar a Ortega de ser un “caudillo populista” consagrado a la tarea de instaurar en esta parte de América Central una “dinastía familiar” similar a la de los Somoza, la dictadura que fusil al hombro combatió. En un escrito de CIDOB.