Ante los ojos del mundo cae la dinastía política dominicana

Por: Dioris Contreras

El 2020 trajo consigo una maleta cargada de expectativas para la sociedad dominicana.
Por un lado, un pueblo que se ha cansado del uso y abuso del poder de un sector, que claro está, no ha sabido administrar la cosa pública o bien lo ha hecho respondiendo a sus intereses. Por otro lado, una juventud despierta, educada, actualizada y dispuesta a jugar un rol a la altura o momento histórico que vive la República Dominicana. En medio de estas dos coyunturas, surge una fuerza políticamente opositora al gobierno “Fuerza Del Pueblo” decidida a combatir, enfrentar y desafiar a la clase gobernante del país.

En las últimas décadas, la República Dominicana igual que en muchos lugares en América Latina, son y han sido gobernadas por dinastías políticas, en los gobiernos locales casi siempre predomina una o dos familias, mientras que en el gobierno central “presidencial” predomina una clase dominante en uno o dos partidos.

Las prácticas tradicionales utilizadas por estas dinastías han sido a través del paternalismo, clientelismo político y prolongación de la pobreza para mantener un sector cautivo a sus intereses.

Ahora bien, la conjugación de los tres elementos expuestos anteriormente, despierta un rayo de esperanza al futuro político de nuestra isla caribeña. Ante los ojos del mundo a través de los observadores internacionales, miles de dominicanos voluntarios para velar que sea respetada la voluntad popular, las pasadas elecciones municipales del 15 de marzo, lograron ser las más observadas, custodiadas y resguardadas por todo el mundo. Ante ese escenario, no solo el pueblo vio caer las dinastías políticas del país, sino, que el mundo fue testigo de eso.

Para citar algunos ejemplos basta con mencionar las dinastías políticas que llegaron a su fin de acuerdo a los resultados extraordinarios de la Junta Central Electoral dominicana, entre ellos: Santo Domingo Este, Santo Domingo Oeste, Distrito Nacional, San Pedro, Higüey, La Romana, La Vega, Montecristi, Dajabón, entre otras provincias, administradas por décadas por familias o por un partido político en particular. Pero, el mundo no solo vio la caída de estas dinastías, también, fue testigo de la caída del poderoso grupo del gobierno que intentó infructuosamente modificar la Constitución Dominicana y darle paso a la idea de perpetuar en el poder a la nueva élite o dinastía política dentro del partido de gobierno.

El pueblo se levantó, marchó, reclamó y esa dinastía cayó ante la mirada del mundo, donde la intervención extranjera no se hizo esperar y hasta el Secretario de Estado de Estados Unidos tuvo que llamar. Ante los ojos del mundo la dinastía política dominicana parece llegar al final de un ciclo de gobernanza.

Ante los ojos del mundo, al ritmo de cacerolas, hoyas y cualquier manifestación creativa la sociedad dominicana se lanza a construir una nueva República basada en los ideales de justicia social.

El autor es Doctor en filosofía y analista político.