Sequía e incendios: el cóctel que está matando al río Paraná

 



Bancadas de arena dan testimonio de la gravedad de la sequía que afecta al Paraná

Apenas un hilo de agua discurre por el ancho lecho del Paraná Viejo a su paso por Rosario, en Argentina. Es uno de los muchos afluentes del río Paraná que se ha quedado "en los huesos" debido, en gran parte, a la sequía histórica que sufre Brasil. Los expertos están alarmados.

"De la vasta red de cauces secundarios que cause principal alimenta solamente están operando hoy en día transportando caudales muy exiguos por la bajante entre el 10 y el 20% solamente los cauces secundarios más grandes llevan agua y en el resto de la superficie carece de ella", explica el geólogo Carlos Ramonell.

El Paraná no alcanzaba un nivel tan bajo desde hace casi ochenta años y nadie sabe a ciencia cierta si se trata de un proceso irreversible ni si es una consecuencia directa del cambio climático:

"No podemos expedirnos hoy, la ciencia no está en condiciones para este decir cuál es la causa última de esta bajante. Obviamente, ha sido un déficit de lluvias", añade Ramonell.

Un déficit con consecuencias catastróficas para varios países de la región, en especial para Bolivia y Paraguay, que no tienen salida al mar. El bajo nivel de las aguas impide el transporte fluvial desde hace varios meses, ha mermado considerablemente la pesca y la producción hidroeléctrica, y ha puesto en peligro la fauna y la flora de un coloso que durante siglos fue el décimo cauce del planeta.


"Si esto sigue podemos perder grandes cantidades de especie de altísimo valor ecológico y ambiental, incluso hay personas que dependen de la pesca obviamente para la subsistencia", afirma el militante ecologista Luis Martínez.

Para colmo de males, los incendios en el Delta del Paraná están dañando uno de los ecosistemas de humedales más importantes de Sudamérica. Según las autoridades argentinas, 8 600 hectáreas han sido arrasadas por las llamas. La mayoría de esto fuegos fueron intencionados y tenían como objetivo ganar terreno para alimentar al ganado. El año pasado así ardieron 300 000 hectáreas. Los ecologistas denuncian que la mayoría de esas acciones quedaron impunes.